lunes, 4 de febrero de 2008

REFLEXIONES A FILO DE LOBA


Carnaval de Narciso


El carnaval está en su apogeo en las principales ciudades brasileñas y hay otros lugares del mundo donde se celebra con similar entusiasmo y pasión. Siempre me ha parecido extraño que siendo México un país tan grande, con tal variedad de gentes, geografías y tradiciones que permite hablar sin mayor problema de un México multicultural, el carnaval esté ausente de la capital -no estoy segura de que sea la ciudad más grande del mundo, como presumen muchos paisanos, y si lo fuera qué importancia o qué chiste tendría el tamañote por el tamañote- y esté arrinconado en unos cuantos focos, como el Veracruz y el de Mazatlán. Se me hace que ésa ha sido una de las grandes victorias de la moralina de los conservadores mexicanos, que en el espacio de la moral siempre han sido los ganones, los que han tenido siempre el poder. Ellos con tal de tener controladita a la gente, son capaces de evitar el más mínimo desmadre, cualquier salida de madre, porque les da miedo el desfogue de la naquiza, la leperada, la indiada, la chusma. Pero un país como este sin un desborde carnavalesco en serio, en el volumen que lo tiene en Brasil, para no ser menos, me parece un país muy castrado cuyos desahogos no revientan la raíz de la rutina, la monotonía y la moralina pacata de una cotidianidad de abejas productoras y meros consumidores. Que todo esté bajo control, que todo, todo, todo, hasta la diversión a lo cañón que necesita una sociedad sana, esté bien controladito, ésa parece ser la consigna. Dentro de la moralina hasta una cana al aire se vale. No le hace. Pero derbordar los límites de una moral definida por curas, pastores y políticos conservadores de todo tipo, eso es un peligro que no se puede permitir. Por eso es que, creo, no tenemos un carnaval verdaderamente reventador y chido a todo lo largo y ancho de la república.

Pero no era sobre eso que quería hablar –y sin embargo bien que lo digo ¿no?, je-je-je- sino sobre el yugo que nos está poniendo últimamente un patrón de belleza a todos, hombres y mujeres, pero sobre todo a las mujeres y a lo cual no escapa ni siquiera el desbordamiento que se supone en el fondo mismo del carnaval brasileño (no solo de Río de Janeiro).

En letra de periódico leo que las dietas ascéticas y las siliconas dominan en el escenario de los div@s que se dan cita en las grandes ciudades del carnava brasileño, en especial Río de Janerio y Sao Paulo. Ya no se trata de pasarla a todo dar, de reventarse olvidándose de las presiones del diario, de la rutina familiar, del cansancio de la pareja o monserga de todos los días. Ahora hasta en el momento del desmadre deben algunas estar pendientes de lucir delgadas, musculosas, esbeltas, fibrosas, de cutis terso y firme. En el carnaval, ceremonia de la disolución moral por excelencia y de ruptura del ritmo de lo cotidiano, también se infiltra la obsesión por aparentar ilustración de postal, calcomanía o revista burguesa-aristocrática al estilo Hola! y pendejadas por el estilo. Es por eso que, según lo que dice el periódico, los que supuestamente planean divertirse y reventarse en el carnaval lo que hacen es que, “durante meses se someten a preparación física intensa, dietas especiales y casi son una obligación las cirugías estéticas, prótesis de siliconas en los senos y botox para ahuyentar arrugas. La venta de maquillajes y otros cosméticos se dispara en esta época.”

Yo no tengo nada contra la belleza. Es más, para decirlo pronto, me gusta hacer algo por mi belleza y sentirme bella, atraer las miradas de los hombres y dar juego a la fantasía sensual y sexual, sin la cual la vida sería una vil miseria de fealdad y grisura. Pero eso es muy diferente a una obsesión narcisista que lo que hace es actuar como una trampa para la gente, sobre todo, cuando se trata de mujeres. La belleza tomada así, como tributo inagotable a Narciso, que no te deja ni respirar, que te hace gastar un friego de lana y que siempre te está pidiendo más y más, se convierte en una tiranía, un yugo.

Hay que decir no al vasallaje de un modelo estereotipado de belleza que además, en algunos casos, puede ser mortalmente peligroso, por aquello de la bulimia, la anorexia y en general el stress, que también mata.



ACUSE DE RECIBO


Las finezas del Maestro Rogelio Guedea


Con una amabilidad y gentileza ejemplares, dialoga con esta su novata servilleta, el respetado y admirado maestro Rogelio Guedea escribiéndome a mi correo (loboestasahiii@gmail.com). Me dice que vive en Nueva Zelanda, lo cual explica sus alusiones a parejas ahora sí que multicolores. Y, sí, comparto su idea de que en México falta mucha civilidad. Estoy completamente de acuerdo, pero no me ilusiono con que las autoridades educativas tomen nota de esto. Mil gracias, Mtro. Guedea. Seguimos en contacto desde aquí el gran Defe(ctuoso). ID.

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